De diosa a mendiga. El hater de famosas.

El acoso y derribo injustificado de mujeres en redes sociales se ha convertido en una práctica habitual y peligrosa.

Hoy te aman, mañana te odian. Eso es la Red hoy en día. Una palabra equivocada en Instagram, un gesto inapropiado e inclusive involuntario en un short de Youtube, unos kilos de más (o de menos) o un vestido de un color inesperado en un video de Tik Tok y se acabó. Tu fama se diluye como un azucarillo en agua caliente.

“Hoy te aman, mañana te odian”

El “hater” u odiador, que diríamos en castellano, es una de las muchas figuras y roles que han surgido a raíz del uso de las redes sociales. Hay diferentes niveles o graduaciones en el odio que un individuo es capaz de plasmar en sus comentarios de cualquier red social.

Antes de nada, hay que diferenciar el troll del odiador o hater. El primero es controvertido y sus comentarios intentan provocar, polemizar e inclusive generar disputa dentro de los usuarios de una sala de chat, un blog o un foro de discusión. En la mayoría de los casos lo hace por mera diversión y es hasta ajeno a la temática tratada.

“En el caso del odiador … su afán es puramente destructivo”

En el caso del odiador no, es posible que haya diversión, pero su afán es puramente destructivo. Hablaremos con más detalle del hater en otra ocasión. Hoy nos vamos a referir a uno tipo muy concreto. Es el odiador u odiadora de mujeres famosas, bien sean actrices, “influencers”, cantantes, políticas, escritoras… Tiene por objetivo crear una corriente de opinión negativa que derribe el mito, que convierta a la mujer de éxito en una paria virtual y, por extensión del mundo cibernético, en el mundo real, puesto que ambos van de la mano en la creación y destrucción de dioses. Unas veces lo consiguen y en otras es tan grande la figura que es imposible. En la mayoría de los casos, la corriente se ve amplificada por los medios de comunicación que se hacen eco de los comentarios despectivos, inclusive intentando apoyar dan visibilidad al comentario que en el mundo real había pasado inadvertido.

Una mujer famosa forja su destino a base de trabajo y tiempo, algunas basándose en su intelecto, otras en su físico, otras en su creatividad, otras en su edad o en una combinación de todo ello. En este proceso de destrucción podríamos incluir nombres famosos como Britney Spears (cantante) Anne Hathaway (actriz) y Millie Bobby Brown (actriz).

“… cualquier motivo marca el punto de inflexión para que empiece la cascada de misoginia en la Red”

Excentricidades, perfección, críticas indefinidas o inventadas como tuits que no han publicado respectivamente, cualquier motivo marca el punto de inflexión para que empiece la cascada de misoginia en la Red. Odio puro e injustificado. Esta misoginia curiosamente, no es exclusiva de hombres. Al contrario, el porcentaje de mujeres que critican a mujeres es más alto. Y lo más cruel es que, ni los propios sistemas de protección de las plataformas, denuncian o intervienen en los casos más sangrantes y que no cumplen con la normativa de las mismas.

“El riesgo desde el punto de vista psicológico es que esa destrucción llegue al mundo personal…”

El riesgo desde el punto de vista psicológico es que esa destrucción llegue al mundo personal, causando graves problemas a las víctimas del ataque. Las cuentas corrientes no mitigan los efectos del descredito y la difamación, por lo que podemos tener servida en bandeja una desconexión del mundo virtual que les ha catapultado a la fama (con cierre o suspensión de cuentas en redes sociales). También y en el peor de los casos podemos estar hablando de depresión o una fase melancólica de vida en las mujeres afectadas.

La peor parte de este odio hacia la mujer famosa o sobresaliente se la llevan aquellas cuyo modelo de negocio es precisamente ese, las redes sociales, el streaming o la divulgación de imagen pura. En los casos de las “Influencers”, se puede ver destruido hasta su modelo de negocio, con todas las implicaciones personales que ello conlleva.

“En los casos de las “Influencers”, se puede ver destruido hasta su modelo de negocio…”

Centrándonos en el fenómeno social, lo más impresionante es la transmisión. Aquí cobra más sentido que nunca la palabra “viralizar”, muy de moda en estos días virtuales. Está claro que no se puede ser famoso sin tener presencia en redes, pero está demostrado que es una herramienta muy delicada y que hay que emplear con precisión.

Seguiremos hablando del odio en la Red, dado que es el germen de un sinfín de trastornos psicológicos y, aunque afecta especialmente a jóvenes y adolescentes, es un problema global.

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